FUENTE: iEco

El Gobierno limitó la compra de ciertos productos. Pero un reciente trabajo dice que sirven poco para mantener el superávit.

Para el Gobierno, las restricciones a la importación son un mecanismo idóneo para sustituir importaciones o generar puestos de trabajo. Sin embargo, existen otras lecturas posibles.

Uno de esos puntos de vista están incluidos en un reciente informe de la consultora Finsoport. El staff de la empresa dice, de entrada, “somos defensores de la producción nacional y no nos asustarían restricciones comerciales”.

Pero, también, sostienen que “las restricciones a las importaciones son anárquicas y con una rusticidad técnica increíble”. El trabajo describe que el saldo de la balanza comercial cayó US$7.000 millones (un 41%) en 18 meses, y asegura que eso es consecuencia del aumento de las importaciones, “que acumula más de 300% entre 2003 y 2010 y un 38% en el primer semestre de 2011. Por otra parte, las ventas al exterior tuvieron un comportamiento muy positivo, ya que “crecieron un 128% acumulado entre 2003 y 2010 y un 25% en el primer semestre del año”.

El documento describe qué sucede con cada sector en particular y pone especial atención en las licencias no automáticas (LNA). Estas disposiciones afectan a varios sectores, como es el caso de textiles, indumentaria, calzado, productos de metal, eléctricos y electrónicos, juguetes, maquinaria agrícola, motos y bicicletas. La importación de estos productos insumió unos US$ 10.000 millones en 2010 y como hay poca exportación “generaron un elevado déficit comercial sectorial”.

La paradoja es que en los primeros seis meses de 2011, “las importaciones sobre las que recaen las LNA se incrementaron por encima del nivel general”. Así, “las compras al exterior de textiles, indumentaria, calzado y juguetes aumentaron interanualmente entre el 38% y el 51%”. A esto se suma el incremento en las importaciones de combustibles y de energía debido “al incremento simultaneo en los precios y, especialmente, en la demanda interna debido a l déficit en la producción local” El problema, para los especialistas de la consultora, es que “las barreras a la importación no resuelven ni la falta de competitividad de esas ramas industriales (que se acentúa conforme se aprecia el tipo de cambio real) ni tampoco el déficit de capacidad instalada”.

Aunque se obligue a los importadores de autos a exportar aceitunas, el problema parece ser otro “más vinculado al déficit de inversiones y el agotamiento de los recursos energéticos nacionales”.

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